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Posted by cadelboca in Familias Anfitrionas, INCOMING

Diarios de una Familia Anfitriona…

Por Patricia Torti – Madre Anfitriona


 

 

Hola  a todos los lectores de este nuevo medio de comunicación que nos ofrece la UBP.

Mi nombre es Patricia Torti y soy mamá temporaria de alumnos extranjeros desde el año 2004.

Increíblemente, por que el número asusta un poco, en estos 10 años ininterrumpidos de trabajo en conjunto con las chicas del CRI, han pasado por nuestra casa, dormido en nuestras camas, compartido nuestra mesa, nuestras reuniones, alegrías, tristezas, charlas de todo tipo, etc.,etc., etc., 49 chicos hasta hoy, hace un estudiante completamos 48 (cuatro docenas) y  el próximo estudiante (50) será el de ORO.

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En realidad, debo aclarar que el hecho de contabilizarlos así, signifique que son tan solo un número. Mentiría si les dijese que recuerdo la fecha de cumpleaños de todos y cada uno, pero sí tengo en mi memoria y de manera imborrable, el orden en el que vinieron, sus nombre y apellidos, sus gustos por las comidas, su credo, sus angustias y temores, su visión de nuestra Argentina, su interés por nuestras costumbres,  su desinterés también, su afectividad para con nosotros, su deseo de ser parte activa y de interactuar como uno más de la familia e involucrarse significativamente con ella, o no (lo cual debe ser respetado), y eso, es  por que son únicos y diferentes.

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Todos dicen que quieren volver, pero sólo algunos pueden hacerlo. A nosotros volvió mas del 10%, algunos  ya dos veces.

 

El regreso nos produce una profunda alegría, no sólo por el reencuentro en sí mismo, sino también por el hecho fundamental de corroborar lo que, en definitiva  ya sabíamos: que es el de haber dejado una gran huella en ellos como ellos la dejaron en nosotros…… y la despedida como todas las despedidas, pañuelo en mano.

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El Centro de Relaciones Internacionales  me pidió que hiciera un relato de algunas de las experiencias, anécdotas o cosas divertidas vividas con los estudiantes. Este pedido hubiera sido muy difícil para mí si no fuera por que Rocío me sugirió un tema en particular:

 

……….había una vez un japonés…….,que nunca en su vida había escuchado una sola palabra en castellano, y vino, por una de esas cosas de la providencia  a parar en nuestra casa. Está de más el decir que sabíamos de antemano, que la cosa no sería muy fácil.

El día que llegó debieron haber hecho como 45º, más un vuelo de 100 mil horas, el estrés por lo desconocido, (y desconocía mucho), ese….., ese debió haber sido el peor día de su corta vida.

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Para suerte de todos el día tiene 24 horas y prácticamente  él las pasó durmiendo y nosotros sufriendo, por que  el poco tiempo que habíamos estado juntos, daba acabada muestra de lo que vendría .

En el segundo día las cosas no mejoraron mucho, pero al menos, tenía mejor aspecto y esperábamos que el descanso lo ayudara y pudiera poner en funcionamiento su cerebro.

Por señas logró desayunar, desarmó algo de su equipaje, entregó algunos regalos que traía  para la familia, paseó un poco por el jardín, deambuló por la casa, se metió en la computadora, siempre sufriendo el calor que no aflojaba, y en un silencio imperturbable. Así pasamos el segundo día entre señas, muecas, y terribles caras de desconcierto. Lo peor de ese día, o  mejor dicho noche, que se repitió por varias noches más, (hasta que nos dimos cuenta  de qué estaba pasando), fue que este previsor muchacho, sabiendo que llegaba en verano, y que debía haber mosquitos, trajo un repelente en aerosol que resultó ser muy atractivo para estos molestos insectos, tanto como el azúcar para las abejas. Está bien claro que la primera noche dormiría con o sin mosquitos por que estaba literalmente fusilado, pero conforme pasaba el tiempo, sus días no mejoraban, muy por el contrario, seguía agotado, y .¡¡¡¡¡además, se rascaba todo el tiempo!!!!!  y después comprendimos que sus noches eran torturantes.  Llegué a pensar que podía tener pulgas, por que el único ser con el que se comunicaba fluídamente era con el perro de la familia. En ese momento nos dimos cuenta que el  amor no tiene idioma,  por que seguro el can no entendía japonés.

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